Desinsectación

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Entendemos por desinsectación el empleo de métodos científicos para destruir los artrópodos (insectos y arácnidos) en sus distintas fases, sobretodo, los reservorios o vectores de enfermedades transmisiblesProcedimientos de Control

1.Mecánicos.

2.Físicos.

3.Químicos.

Por su forma de actuar.

1.Métodos afixiantes.

2.Insecticidas fumigantes o tóxicos respiratorios.

3.Insecticidas estomacales.

4.Insecticidas de contacto.

La desinsectación debe de ser metódica, siguiendo un plan preestablecido, científica, utilizando los productos más eficaces, completa y no uniforme, ya que para cada artrópodo se debe elegir el insecticida más adecuado y los métodos de actuación más duraderos.

También se deben valorar si queremos un efecto duradero, persistente, residual o un efecto inmediato, pero poco duradero, como sería el caso de destruir insectos voladores.

Debemos conocer el nicho ecológico y su biología de cada artrópodo en cuestión. Así mismo debemos de pensar que el exterminio o la erradicación total de una especie de insecto es algo imposible y que debemos alterar todas las condiciones para evitar su desarrollo e implantación en el medio a controlar.

Procedimientos de control

A continuación pasamos a detallar una serie de procedimientos que nos llevarán a conseguir el mejor control posible.

A – Procedimientos mecánicos:

Serían la colocación de barreras físicas que impedirían la llegada de los insectos a las personas. Colocación de mallas metálicas, mosquiteros, etc. Así cómo la desecación de charcas próximas, eliminación de basuras, cortinas de aire, aspiradores, trampas de luz y trampas de monitorización.

B – Procedimientos físicos:

Es el calor el método físico más utilizado. Se emplea en forma de calor seco o húmedo. El seco sería la introducción de ropas, equipajes, etc. en cámaras u hornos a temperatura de 70 a 80 grados durante 30 minutos. El húmedo sería sumergir la ropa, etc. en agua hirviendo de 10 a 15 minutos o en forma de vapor.

C – Procedimientos químicos:

Las sustancias químicas que se emplean para destruir los artrópodos reciben el nombre de insecticidas. Una buena definición de la palabra insecticida sería aquel que: “produce por contacto, ingestión o inhalación la muerte de las larvas, ninfas o insectos adultos de muy variadas especies, de manera rápida”; “que por su estabilidad fisicoquímica conserva prolongadamente dicha acción”; “que no daña al hombre ni a los animales domésticos ni deteriora la ropa o los enseres”.

Podemos clasificarlos según su forma de actuar, en afixiantes, fumigantes, estomacales y de contacto.

- Métodos afixiantes. Tratan de privar al artrópodo del aire necesario para la respiración. Los más conocidos son el petróleo y los aceites minerales, especialmente para las larvas. Su acción coadyuvante con otros insecticidas es muy importante.

- Insecticidas fumigantes o tóxicos respiratorios. Son sustancias que, a temperatura y presión determinadas, pueden producir, bajo forma gaseosa o de vapor, una concentración mortal. No deben confundirse con aerosoles o nieblas, de mucho menos poder de penetración. Los más conocidos serían el sulfuro de carbono, bromuro de metilo, óxido de etileno, etc. En Chile está prohibido su uso a no ser en edificios aislados, barcos o almacenes de grano y siempre bajo la autorización del Director Provincial de Salud.

- Insecticidas estomacales. Actúan por ingestión. Son poco utilizados siendo el más empleado el sulfato de cobre y las formalinas.

- Insecticidas de contacto. Son los que penetran a través de la epicutícula basándose en la solubilidad en los lipoides de esta. Estos son los que en su mayor parte utilizaríamos en los tratamientos programados. Sus características serían gran estabilidad fisicoquímica frente a las alteraciones atmosféricas, por lo que su actuación duraría meses, alta toxicidad para los insectos, bastando unas gammas para su muerte y el ser insolubles en el agua pero solubles en las grasas.

MÉTODOS BIOLÓGICOS.

En este grupo están incluidos todos aquellos elementos de control que puedan encontrarse en la naturaleza, siguiendo los principios que gobiernan la biología y ecología de una determinada especie, diferenciando:

- Insectos depredadores.

- Microbios patógenos: salmonella, Bacilus thurigiensis.

- Hormonas: Juveniles, preconcenos, inhibidores de la quitina, feromonas.

Estos medios deben de hacerse bajo los más estrictos controles y criterios de racionalidad científica y conocimiento técnico, ya que las consecuencias pueden ser más perniciosas derivadas de su mal uso pueden superar los males que se tratan de prevenir.

Existen una amplia gama de plaguicidas dotados de acción fisiológica contra los insectos.

Uno de ellos sería, por ejemplo, los inhibidores de la formación de quitina, que interfieren la acción de la quitín-sintetasa, con lo que las larvas de los insectos no pueden desarrollarse y cuando llega el momento de la muda mueren al quedar desprotegidos sin formar el exoesqueleto. Estos productos evitan también, la eclosión de los huevos.

Son sobradamente conocidos en nuestro país la utilización de las Gambusias en la lucha contra las larvas del Anopheles y el éxito del bacilo Thurigiensis H-14, un vacilo que en alguna de sus variantes destruía las larvas de los insectos y en otras de ellas impedía su alimentación al desdoblarse en el intestino, por la acción de una endotoxina, (proteína-cristal) de todas maneras esto sería un método específico según la variedad que se quiera tratar (generalmente orugas); el método “psicobiológico” que mediante la aplicación de feromonas sexuales desde aviones, agotaba a los machos y morían sin encontrar a la hembra. También la aplicación de rayos gamma a gran escala producía la esterilización de la mosca Homini vora o mosca asesina.

Estos plaguicidas biorracionales actúan de varias maneras, unas veces actuando sobre las mudas de las larvas y otras sobre los huevos.

Existe una amplia gama de productos plaguicidas dotados de acción fisiológica contra los insectos. Uno de ellos es la Abamectina, que no deriva de síntesis química sino que se obtiene por fermentación del hongo Streptomice avermectilis. Esta substancia tiene una acción acaricida e insecticida y se emplea en agricultura contra la araña roja, los minadores, psilas y otras plagas. Dentro de este grupo de insecticidas encontraríamos las benzoilureas, entre las que ha alcanzado gran difusión el Diflubenzurón y otros tales como el Clorfuazurón, Hexaflumurón, etc.

Dentro del apartado de hormonas y feromonas encontraríamos la ecdisona y la hormona juvenil que son las que regulan la muda de las larvas y su evolución a crisálida. El metropeno es el compuesto químico mimético más usual en la hormona juvenil y se utiliza en los tratamientos contra dípteros, especialmente mosquitos.

Es de destacar el interés de la hormona juvenil existente en los insectos y de sus análogos. Si se aplica artificialmente dicha hormona se prolongará el estado larvario y se evita la metamorfosis, por lo que nunca llegarán a estado adulto.

Las Feromonas actúan como mensajeros químicos. Las más utilizadas suelen ser las sexuales emitidas por las hembras de los insectos para atraer a los machos. Su fórmula recuerda a las hormonas juveniles y se utilizan para diferentes fines:

Seguimiento de la plaga: Se colocan trampas para cazar adultos y seguir sus desplazamientos así se evita su apareamiento o puesta de huevos.

Mass-trapping: O cebos masivos, mediante una trampa “pegajosa” permiten reducir el nivel de las plagas.

Confusión: Producen la desorientación de los machos que buscan a la hembra; al ser solicitados desde múltiples puntos, se produce confusión y se impide el apareamiento.

La aplicación de repelentes en las personas también a demostrado su utilidad sobretodo en el caso del demetil y dibutil-ftalato. Con estos productos los artrópodos huyen por que sienten calor al entrar en contacto con el sitio donde se a aplicado.

Los preconcenos son substancias cuya acción es contraria a la hormona juvenil; estimulan la metamorfosis y producen adultos pequeños, prematuros y sexualmente inmaduros, que aunque se apareen no producen huevos fértiles. No están introducidos en el mercado por producir ciertos problemas de carcinogénesis.

También se está trabajando en productos antialimentarios o disuasores de la alimentación entre los que podemos encontrar la azadiractina, la cual, además del efecto antialimentario, actúa sobre la muda y es prácticamente inocuo para los seres vivos.

En estado experimental se encuentran algunos virus que atacan a los insectos y que ya se han utilizado en algunos países, por ejemplo Baculovirus heliothis, que se aplica en EE.UU. contra las plagas del algodón y el tabaco.

Los hongos parásitos de los insectos, como Verticillum lecanii, que actúa sobre los pulgones, mosca blanca de invernadero y otras plagas.

Nemátodos que atacan a los insectos del suelo, pero que necesitan dosis altas y presentan inconvenientes en su aplicación.

Todos estos plaguicidas están siendo estudiados por la O.M.S. para evaluar sus posibles riesgos para el ser humano y el medio ambiente.

En el caso de insectos voladores, como mosquitos, avispas, moscas, etc. se emplea con éxito, sin contaminar el ambiente y sin peligro para el ser humano, las jaulas con una rejilla interna electrificada y que para traer a estos insectos utilizan una lámpara de rayos ultravioleta.

En la lucha contra hormigas y cucarachas se emplean también productos químicos en forma de cebo. Uno de ellos sería la hidrometilnona que no tiene olor, no es repelente ni volatil, pero, ingerida en forma de cebo, hace entrar a los insectos en una especie de letargo y mueren a las 24-72 horas siguientes, con la ventaja, en caso de las hormigas, que las obreras reparten el insecticida a través de la cadena de alimentación de la colonia, llegando hasta la reina; se formula como cebo, pasta o gel, o bien en forma de granos en comederos de plástico fuera del alcance de los niños. El otro tipo de cebo es a base de Dursband al 0,53 % para las cucarachas.

Con respecto a los aparatos emisores de ultrasonidos no queda demostrada su eficacia, si bien en algunos lugares a resultado efectivo, en otros no se pudo estimar su efectividad.

En cuanto a los métodos biológicos para el control de roedores se tiende a actuar sobre su capacidad reproductiva mediante cebos con substancias que actúan sobre las células germinales del testículo de la rata macho. Un buen método biológico sería la utilización de perros y gatos, así cómo la introducción de epidemias mediante el uso controlado de bacterias tales como la Salmonella typhimurium.

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